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11/10/2018
Una mirada y un relato sobre la mujer afro migrante en Chile
Foto de Paola Palacios

El mundo atraviesa una serie de cambios que han ocasionado grandes cuestionamientos sobre las ideas y discursos que erigía la historia. Conceptos como ciudadano y nación se han problematizado, producto de dinámicas como la migración masiva y el deterioro de las instituciones estatales. Este fenómeno no le ha sido ajeno a América Latina y el Caribe. En Chile, por ejemplo, el número de inmigrantes ha aumentado significativamente los últimos años, propiciando grandes tensiones entre nacionales y extranjeros. Y materializando complejos panoramas donde poblaciones como los migrantes afrodescendientes son susceptibles de ser víctimas de estigmas sociales y discriminación estructural.

A propósito, el equipo de Somos Afro quiere abrir un espacio de reflexión, miradas que, aunque singulares, puedan proveer visiones enriquecedoras en este caleidoscopio de realidades. Con este objetivo, conversamos con Paola Palacios. Paola es una joven colombiana que vive en Chile desde hace años, es diseñadora gráfica, activista, feminista y trabaja en la Secretaría de Mujeres Inmigrantes de Chile, donde ha venido asistiendo a las mujeres en condición de migración, discriminación y racismo; en todo lo relacionado con sus derechos y deberes en este país; además, del fortalecimiento de sus objetivos, donde se visibilice que sus discursos son consistentes, fuertes y fundamentados.

S.A: ¿Cómo es el proceso de la migración en Chile cuándo se es una mujer Afro?

Paola Palacios (P.P): La procedencia de las mujeres afrodescendientes es tan diversa como los motivos por los cuales se migra. Para cada una conlleva experiencias diferentes, aunque el común denominador de estos procesos es una realidad dolorosa y transformadora; frustrante a veces, burocrática, y tediosa; pero al final, si es que una así lo quiere, se convierte en una experiencia de empoderamiento, de lucha, de cumplimiento de sueños y metas.

S.A: ¿Se es más susceptible al racismo cuándo se es mujer afro e inmigrante en Chile?

P.P: Se es susceptible al racismo con el sólo hecho de nacer en el cuerpo de una mujer negra. Colombia no es precisamente un ejemplo de inclusión y respeto por las etnias, pero cuando se llega a Chile, inmediatamente entendemos que este capítulo es otro, este es un país abiertamente xenófobo y racista, porque durante generaciones este proyecto de país ha trabajado (y logrado exitosamente) blanquear mentalmente su población. Teniendo eso como base, cualquier cuerpo que no entre en ese marco delimitado cuidadosamente, es considerado cuando menos exótico y cuando más peligroso y amenazante hacia esa homogeneidad que han querido imponer.

S.A: ¿Cuáles son los estereotipos que se tienen de las mujeres afro e inmigrantes en Chile?

P.P: El más extendido de los estereotipos es el trabajo sexual, cimentado en la hipersexualización y comercialización del cuerpo de las mujeres negras como un tizón ardiente que necesita sosegarse con cada hombre que  encuentra a su paso; seguido por ser vistas como trepadoras e interesadas única y exclusivamente en el dinero de cualquier pobre hombre chileno inocente, víctima de nuestros oscuros encantos; después el idioma, por la amplia presencia de mujeres negras provenientes de Haití se ha expandido una creencia de que las mujeres negras no hablamos español. Lo que tiene de curiosa esta situación es que el creole (de Haití), es visto como una lengua salvaje, y obviamente las mujeres negras somos salvajes aún; lo siguiente es acerca de nuestra preparación académica. La gente se sorprende descaradamente cuando conocen una mujer negra que ha asistido a la universidad y cuando esa mujer tiene posgrados, ahí ya es inconcebible, porque hay un fuerte imaginario colectivo de que aún las mujeres negras estamos confinadas a los espacios de servidumbre y cuidado.

S.A: , como mujer afro e inmigrante, ¿crees que la falta de acceso al mercado laboral y a otros espacios, es más difícil que para las mujeres afrochilenas?

P.P: , no desconozco ni invalido las violencias que pasan por los cuerpos de las mujeres chilenas afrodescendientes, pero hay un tema en específico que creo es el factor decisivo: el color oscuro en la piel. Esa es la marca de la mujer negra inmigrante, la melanina, y ahí por supuesto que la discriminación y la violencia ahondan. No es un secreto que el racismo como estructura está íntimamente relacionado con el color de la piel. A más oscuridad, mayor discriminación y yo soy una mujer negra chocoana oscura.

S.A: A través de la experiencia de migración desde un proceso de militancia y activismo afro femenino, ¿cuál crees que es el reto que tienen las mujeres activistas en los diferentes contextos de Chile?

P.P: Uno de los aspectos más importante es superar los primeros 6 meses de difícil estadía en Chile. Meses que son cruciales por la carga emocional de haber abandonado el lugar de origen, familia, amigos y todo entorno y costumbres conocidas. Puede parecer exagerado pero un alto índice de mujeres inmigrantes en Chile, presenta síntomas de estrés crónico, episodios de pánico, depresión, ansiedad, etc. Saliendo de este período, es importante generar redes sólidas y confiables, ellas serán la base de una vida llevadera y digna en el país. Teniendo en cuenta ese proceso, el reto más importante para las mujeres negras en Chile es agruparse, construir unidad y desde la sororidad, salir de la burbuja de la individualidad y entender que los procesos colectivos no solo empoderan y rompen cadenas; sino que esas demandas de lucha harán nuestros años venideros en Chile una mejor experiencia, no sólo por nosotras sino por las que vendrán luego y por nuestros hijos e hijas que nazcan en este territorio. Parte de este reto es también visualizar y entender el momento histórico que nosotras estamos escribiendo. Chile está cambiando, y nosotras estamos aquí, no sólo para verlo, sino para participar activamente en dicho proceso de cambio. Oportunidad para que todas las mujeres negras y todas las mujeres inmigrantes podamos vivir dignamente, comer dignamente, trabajar dignamente y dejar de ser vistas como cualquier cosa menos como sujetos políticos; dueñas de discursos, opiniones fuertes y consecuentes, y capacidad de ser agentes de cambio para nuestras comunidades.